El tormento de un joven divino
Sigo pensando que Egon Schiele es un genio de la pintura. Cuanto más lo conozco más lo valoro. Me impresiona su expresión, me inquieta, me hace cavilar, me seduce su facilidad para empastar figuras y colores, me asombra su capacidad de romper con la "Academia" y aquel canon figurativo del siglo XIX. Me satisface su conexión con las vanguardias que alumbraron el siglo XX, haciendo del arte portavoz de su expresión. Me fascinan sus dibujos, sus acuarelas, sus pinturas, toda su producción artística realizada entre 1908 (comenzó a exponer a los 18 años) y 1918, año en el que murió, a los 28 años.
Tanto en sus autorretratos como en esas mujeres que pinta con mirada de amante, proyecta las típicas obsesiones y tormentos de un joven veinteañero. Con el toque divino de un artista de nacimiento. Su pintura, con cien años, me resulta contemporánea.
¿No?

