Encuentro a cuatro
Hoy se ha producido el encuentro. Primero ha llegado el mío, mi presente, y se ha quedado un rato merodeando por el punto donde nos habíamos citado a la entrada del centro comercial. Cuando por fin ha aparecido el suyo, me ha producido una gran alegría y un ligero sentimiento de paz, tal vez porque intuía que su presente traía en la mochila un agradable trozo de su pasado o que, aunque no estuviera, acabaría por hacer acto de presencia, sin inquietarnos.
Hemos tomado una cañas con la cotidianidad con la que los vecinos de la mesa de al lado, jóvenes jubilados, se zarandean verbalmente al despedirse cuando el tacaño que acude cada día a la hora del aperitivo, se lo toma y se va sin meter la mano en el bolsillo para sufragar el gasto.
Y como era predecible, apareció el pasado. Un pasado elocuente y sincero que con total normalidad ha invadido el archivo del recuerdo recuperando momentos memorables. Nuestro presente, montado en las ruedas de la añoranza, ha recorrido sin necesidad de evocar excesivos detalles las huellas de aquel encuentro indeleble.
Nuestro presente, el suyo y el mio, ha constatado de facto que la amistad se forja con el diálogo, con el entendimiento, y con el contacto que, aunque con silencios, se mantiene sin exigencias, envuelto en el afecto de una lealtad que no necesita confirmar que se está ahí.
Después, me ha dado la impresión de que le hemos dicho hola al futuro.



flor_deloto dijo
Cerebrito, cómo estás tú?
Beso, gondolieri.
18 Octubre 2009 | 02:39 AM