La dama velada.
Deslumbrado por su sobria elegancia
en un lienzo, improvisado de repente,
quiso hilvanar, con trazo suficiente,
al carboncillo su lene indumentaria.
La dama de sus sueños observaba,
como pintor-cronista en el evento,
do la alta sociedad de aquel momento
en Segovia con él participaba.
Mas no quiso parecer impertinente
exponiendo el honor de la admirada,
y eludió en el boceto su semblante.
Años después, pasó a ser exhibida,
siendo adquirida en desigual subasta,
por ilustrado adepto a Zuloaga.




instanteca dijo
Pero si pensé qu ehabía comentado aquí ya. Tengo la cabeza muy mal ultimamente.
La mujer sin rostro, el cuerpo sin volumen, el vestido sin color. Efectivamente, así son las veladas esencias de las cosas.
Un saludo.
15 Diciembre 2008 | 07:38 PM