El primer bodegón
Michelangelo Merisi podría haber elegido otros elementos para componer un objeto pictórico a copiar con su profesional pincel. Tal vez estaba cansado de recreaciones bíblicas o evangélicas, tal vez empezaba a asumir con tedio la tarea de vestir con su creatividad artística humildes modelos humanos, generalmente pobres ganapanes, con los dignos ropajes que les convertían, cara al futuro, en santos o en mitos, en dioses o en Cristos.
Pero salió a dar un paseo por la campiña para respirar el aire fresco que le hurtaban el aceite y los tintes que abarrotaban su estudio en cuencos, jarras y escudillas, antes de pasar a ilustrar su paleta. Y también salió porque, dominada de oscuros y sombras, faltaban colores en ella y no hallaba la manera de conseguir tonalidades luminosas.
De regreso a la casa, al pasar por el huerto, se adentró en él por si hubiera algunas uvas maduras para refrescarse. Alzó su mano para tomar un racimo del viñedo colgante, y al arrancarlo, el roce de sus dedos con la pátina aterciopelada que cubría los hollejos dejó al desnudo la turgente piel de las uvas. Fue entonces, con el reflejo de la luz del sol provocando irisaciones refulgentes, cuando Michelangelo interpretó los destellos como un claro signo de las Musas.
Después se acercó al manzano y arrancó un fruto de sus ramas que inmediatamente comparó con una manzana madura que tomó del suelo. Quedó sorprendido por la diferencia de tonalidad entre las pieles de la manzana viva y de la manzana muerta, ya arrugada y horadada por los gusanos. Y a continuación decidió visitar los otros árboles del huerto para recoger más frutos. Acercándose a la cocina, pidió a su madre un recipiente para traer las frutas y ella, solícita, retiró un par de huevos de una cesta que tenía en la alacena, la sacudió contra la palma de su mano y se la dió.
Tras visitar la higuera, el membrillo, la parra y el manzano, de los que cortó algunas ramas, se dirigió jubiloso a su estudio, y depositando la cesta de frutos sobre la mesa, comenzó el febril proceso de mezclas de los tintes, ocres, blancos, sienas..., buscando la luminosidad que ls Musas le habían mandado.
Días después, Caravaggio comenzó a pintar el primer bodegón de la historia.



flor_deloto dijo
Me gusta el fondo amarillo y las palabras con que describes la inspiración del artista.
Feliz finde, gondolieri
21 Noviembre 2008 | 05:44 PM