En la cuerda floja

Había viajado por esos mundos de Dios, y en un zoco perdido en una ciudad de Extremo Oriente había comprado varios recipientes de cristal para guardar perfume. Un día que se encontraba más triste de lo normal, decidió introducir un poco de caos en su vida por ver si esta se ordenaba o se iba al traste. Aburrida de su perfume habitual, recordó la compra de los esencieros del zoco y se fue a la vitrina del salón donde los tenía expuestos como trofeo de viaje. Iba descalza por la casa, regresó con ellos a su alcoba pisando de puntillas por el pasillo para no sorprenderse a sí misma. Se encerró en su cuarto y agitando los esencieros se perfumó derramando gotas del contenido sobre su cuerpo desnudo y recién lavado. Fue a mirarse al espejo del tocador para decidir el maquillaje con el que abordaría un espantoso día de soledad y tristeza, pero no se vio. Había desaparecido. Se fue a buscar otro espejo en el baño y asomándose a él tampoco se vio. Se había convertido en la mujer invisible. Ella se sentía, pero no se veía, y nadie podría sentirla, ni verla.
Se la jugó a una sola carta. Aprovechando su invisibilidad quiso deshacer su vida. Tendió una cuerda desde su terraza a la terraza del vecino y la tensó bien. Pensó en practicar el funambulismo por primera vez en su vida. Si conseguía pasar al otro lado, no tendría más remedio que sobrevivir. Si perdía el equilibrio y se caía, los diez metros de altura hasta el suelo darían cuenta de su frágil cuerpo, y su cabeza, estampada contra el suelo, dejaría de hacerle jugarretas.
No quería lastimarse los pies y fue a su anaquel a por algún calzado para protegerlos. Eligió sus preciosas zapatillas rojas con bordados dorados traídas de Estambul. Una vecina vio unas zapatillas andando solas por encima de la cuerda y llamó a emergencias. Los bomberos vieron como las zapatillas caían y, al poco, el colchón de aire que colocaron en el suelo según su protocolo de incidencias, moviéndose como si un ligero fardo hubiera sido lanzado desde lo alto.





cavilante dijo
La foto de las zapatillas se la robé a Flor de Loto.
25 Febrero 2008 | 12:06 AM