Hay más tiempo que vida (1)
Mientras se incorpora, se desemboza la suave manta escocesa y estira su aletargado esqueleto girando hacia atrás la cabeza. Comprueba que no hay cola esperando en el aseo y pulsa el botón que endereza su asiento. Su pelo desgreñado y su semblante abotargado dan para pensar que ha dormido como un lirón.
Sin embargo, el nerviosismo y la desazón le atenazan, por lo que deja en la isla. Incapaz de conciliar el sueño, ha pasado la noche en duermevela.
Aunque su cuerpo yacía reclinado en la butaca articulada, su mente no ha parado de ensoñar los mínimos detalles de los recientes acontecimientos. Armando no podía olvidar el perfume de los jazmines floridos, ni la suave humedad del porche de la casa de don Lisandro, en Pinar del Río. Tampoco podía dejar de pensar en él. El vuelo de regreso a España se ha convertido en el refugio de su memoria.
Necesitaba evocar la semblanza de don Lisandro. Y ha estado rebuscando con cierta ansiedad todos los datos almacenados durante la estancia en Cuba. Ha ido recreando, retazo a retazo, todas las viejas historias que, en distintos encuentros, le había contado don Lisandro.
Al recordar el impresionante relato de su encarcelamiento, siendo bastante joven aún, se sintió conmovido y herido por la rabia. Le ardía en sus adentros la atroz injusticia que supone desperdiciar la vida en un presidio, merecido solamente por la pura represión del régimen de Fulgencio Batista. Armando fue declarado convicto de traición a la patria por el único delito de mantener su integridad intelectual, por ser liberal y no doblegarse a los criterios educativos, restrictivos y alcanforados de un gobierno militar sumiso al son gringo.
Luego, liberado por El Comandante, Fidel Castro, tras su memorable entrada en la Habana en el naciente año de 1959, Lisandro Lezama Vitier, ya cumplidos los 38 años, celebró su excarcelación y la asumió como un deber vitalicio para con la revolución libertadora. Sin rechistar.
¡Qué personaje el viejo! Siete años ausente del hogar por estar preso, pero presente en alma y en esencia en la memoria de todos los suyos. Todos ellos, hijos, hijas, nietos, sobrinos, se mantuvieron durante todo el encarcelamiento comportándose como si el patriarca estuviera con ellos encabezando la familia, viviendo en su hogar. Una bella historia que Armando quería recopilar para que no quedara reservada en la memoria de la saga de los Lezama.
(Continuará)




sansar dijo
bonito relato, cavilante.
26 Noviembre 2007 | 10:43 PM