La Coctelera

Espejo insondable

Este espejo intenta hacer visible lo invisible a los ojos del entendimiento. Acércate con OTRA MIRADA y tal vez lo puedas lograr.

21 Octubre 2007

Capturado en el espejo

Regresé a la casa familiar donde la madre de mi madre fue niña, donde vivió hasta que desposó. Aquella casa que a trancas y barrancas había conseguido la familia mantener. Tal vez por respeto a la bisabuela o a ese recuerdo que sus hijas fueron transmitiendo en sucesivas generaciones, no se traspasó, ni se vendió, ni se cedió, ni se disputó, ni se desgranó, a pesar de estar deshabitada, de quedar lejos de los herederos, a pesar de permanecer como un mero condominio familiar prácticamente abandonado. Aquella mujer de armas tomar que presionada por la penosa situación de una España arruinada, allá por 1910, mandó a sus hijos varones, aún niños, a Costa Rica. A ganarse la vida para la familia y a labrarse el futuro. Aquella mujer, debió dejar depositado en sus hijas algún gen que, perdurando en el tiempo hasta nosotros, instigaba el afán de los biznietos (algunos de los cuales ni se conocían, ni se hablaban) en continuar soportando el mantenimiento de la casa de todos.

Apartada, en un pueblo de Castilla a desmano de las carreteras radiales que desde Madrid divergen hasta los últimos rincones de la Península, se había mantenido gracias a una oportuna reconversión en hostal rural, explotado empresarialmente por el único familiar que quedaba en el pueblo. Un modesto negocio que le permitía, a él sobrevivir, y al resto de los herederos amortizar los gastos de las obras que hubo que hacer para sostener una estructura levantada hace más de cien años. Una única condición regía sobre la casa. Mantener una estancia en condiciones de uso, en un ala privada, para disfrute de aquellos familiares que quisieran acercarse al pueblo a descansar o a recuperar las energía genéticas de la bisabuela. A palpar las raíces de la familia. Sólo los familiares en línea directa con la bisabuela, cualquiera que fuera su estado civil o su nacionalidad, sin cónyuges; de manera que solamente descendientes del tronco de la abuela Inés gozaran de sus pertenencias.

La estancia, suficientemente amplia en relación a los espacios de los liliputienses pisos modernos, quedaba algo abigarrada porque estaba invadida por los muebles que madres, abuelas y bisabuela habían mantenido en esa casa familiar. Una alacena, dos inmensos arcones de madera de roble, dos cómodas de caoba, una librería colonial, un bargueño repujado con filigranas de marfil y finas maderas de oriente, un brasero de bronce,... Y el armario ropero que la bisabuela tenía en su alcoba. ¡El armario de la abuela, Dios!

Todavía me estremezco recordando la sensación que tuve cuando en mi última visita al pueblo, anteayer, abrí ese armario. Hasta entonces, un respeto reverencial me invadía cada vez que entraba, sólo, con mi hermano, o con mi madre, en la estancia. La próxima vez, probablemente deba de afrontarlo con miedo. No se si depende de mi o del destino. Estoy ciertamente abrumado por lo que pasó, aunque tranquilo, porque de haber algo, no será nada negativo ya que proviene de las entrañas del legado familiar. Estoy seguro de que es un fenómeno inofensivo.

Cuando abrí la puerta central del armario ropero de tres cuerpos de la bisabuela, esperaba encontrarlo vacío, a lo sumo una cuantas bolitas de alcanfor esparcidas en el suelo o en los cajones, tal vez restos de hojas puntiagudas de romero. Efectivamente, al abrir la puerta el armario estaba vacío, pero en el momento en que estaba a punto de cerrarlo, noté una sombra, como el tenue fulgor del pabilo de una vela antes de apagarse; e instintivamente, lo abrí de golpe. Todavía se me eriza el vello al recordar lo que vi. En la contrapuerta había un espejo enmarcado ocupando toda la superficie interior, y en el espejo, a tamaño real, vi mi propia figura asiendo con la mano a la puerta desde dentro del espejo, sonriéndome. Mi perplejidad fue doble al comprobar no sólo los gestos que yo hacía no eran los que me devolvía el espejo, sino que, ni la vestimenta, ni la edad se correspondían con las mías.

Cerré impresionado la puerta, aunque de inmediato la volví a abrir curioso esperando que hubiera sido una jugada de mi mente, un agujero negro de mi imaginación, tal vez un sueño... Pero no, ahí estaba yo, como estuve hace quince años, poco antes de que hiciéramos la reforma de la casa, cuando inspeccionaba el armario de la abuela para retirar las ropas que quedaban. Con la misma facha, las mismas ropas, la misma cara de felicidad. Como si aquella imagen hubiera sido capturada entonces por el espejo.

(¿Seguirá?)

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

rapme

rapme dijo

Espero que sí.

Saludos esperanzados!

21 Octubre 2007 | 11:19 PM

sansar

sansar dijo

el armario de una abuela es como un álbum de recuerdos, no?

22 Octubre 2007 | 12:36 AM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Yo no creo mucho en la telepatía, gondolieri .... o si? no sé, ya no me acuerdo. Pero creo que los seres humanos tenemos algunos intereses concretos que hacen que nos acerquemos más a unos que a otros. Algún día te contaré la historia de mi bisabuela materna - la otra no la conocí - que murió de 94 años en Uruguay. Aún recuerdo su estoicismo ante las pruebas de la vida y su bastón. Precioso, con empuñadura de marfil, de caoba, una verdadera pieza única. Era seria, o así la recuerdo yo. Mis hermanos dicen que era una 'vieja odiosa' ... no los dejaba acercar demasiado, siempre asustaba con el bastón.
Hay familias que tienen cosa que contar, que la vida no les pasa en vano y que las pruebas difíciles marcan caracteres en sus integrantes.
Me ha gustado mucho tu cuento - escribes muy bien - y puedo ver esa perplejidad de tu otra mirada sobre la que te devuelve ese espejo del armario. Todos tenemos más de una mirada, dos y hasta tres.
Gracias por el barquito de papel, si conocieras a 'samurai' seguro te encantaría, es una bella persona. Nos debes el tango!
Beso.

22 Octubre 2007 | 05:04 AM

instanteca

instanteca dijo

Fantástica historia. De los peligros de la memoria ya estábamos advertidos, incluso de los del espejo. Pero de la memoria del espejo... de ese peligro yo no sabía nada.

Y tal vez estuvieses ahí, capturado, convertido en energía, en luz, en radiomagnetismo. Tal vez atrapado en átomos relucientes, en vestigios de retina, en dimensiones desconocidas de la materia.

Es posible que tu yo de ayer desaparezca en cada instante del presente sustituído por tu yo de hoy. Y no me extraña que alguno de esos que andan perdidos en la línea del tiempo con tu nombre, también quieran salir de tanto en tanto y contemplarte... con tu otra mirada.

Si yo pudiera, lo haría.

Un abrazo.

24 Octubre 2007 | 06:39 PM

cavilante

cavilante dijo

Estoy de viaje, pero mañana cuando llegue le doy una vuelta al asunto, por si "escurrre" algo.

Empiezo a cavilar...

24 Octubre 2007 | 07:16 PM

Fabian Ricci

Fabian Ricci dijo

Buenos días... Perdona por entrar en esta tú casa sin ser invitado.
Tú historia me ha encantado, me ha fascinado, se que no soy nadie para pedirtelo, pero... te ruego que continues la historia en un nuevo post jejeje, no es por que sea cotilla (o quizas si) es que me encantó.

Un saludo.

26 Octubre 2007 | 09:12 AM

cavilante

cavilante dijo

Fabian, mi blog está abierto a ti y a todos, obviamente. Encantado de tu visita.

Instanteca, todo es posible en el mundo literario. El mejor de los mundos.

Flor, besos.

Sansar, de recuerdos o de sorpresas.

28 Octubre 2007 | 02:06 AM

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Soy un caminante que cavila mientras observo las maniobras de otros caminantes a través de mi espejo. Si la vida me sonríe, la miro con buen humor. Si la vida se ríe de mi, la veo con sarcasmo. A veces no la miro, me desapego, o me pongo romántico para lamer sus heridas. Admiro la inteligencia en cualquiera de sus expresiones y disfruto con la belleza y con cualquier atisbo de creatividad. La palabra es una herramienta de comunicación que me deleita cuando, usada con arte, es capaz de conmover mis sentimientos. No soy del Madrid, ni del Barça, ni del Betis; sólo milito contra la INTOLERANCIA, en cualquiera de sus formas, y contra la MANIPULACIÓN de la realidad hacia intereses egoístas. En mi podréis encontrar al amigo, jamás al enemigo, no me gusta perder el tiempo en futilidades. Y si no me encontráis, buscad en el espejo insondable............... anuncios clasificados españaanuncios clasificados brasilanuncios clasificados argentina
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