La Coctelera

EL ESPEJO INSONDABLE

Este espejo intenta hacer visible lo invisible a los ojos del entendimiento. Acércate con OTRA MIRADA y tal vez lo puedas lograr.

16 Agosto 2007

Las aguas de Trafalgar

El efecto de las olas de mar visto con perspectiva, desde la orilla, cuando los vientos son suaves, es bastante imperceptible. La superficie del agua, más o menos rizada por ligero oleaje, tiende a parecer inmóvil, como quieta, estancada. Pero el mar transporta. El mar vive. La inmensa cantidad de agua mansa transmite a mi espíritu una sensación de calma que me apacigua el alma.

Desde mi azotea privilegiada miro al norte y puedo ver la otra orilla. Una orilla envuelta en la calima que el ligero viento de poniente coloca a modo de bufanda nebulosa en la garganta del Campo de Gibraltar. Pero la bruma no puede esconder la punta del iceberg bicorne, de roca dura, de roca inamovible, contundente, anglosajona e hiriente que emerge con altivo desdén en mitad del horizonte que diviso desde mi azotea. En la otra orilla. La orilla que me inspira la otra mirada. La de la distancia, la de la relatividad, la de la empatía, la de la admiración, la del respeto, la de la alegría y la del optimismo.

A la izquierda, hacia poniente, diviso tenuemente la punta de Tarifa que distingo por estar coronada de montes repoblados con las impresionantes hélices eólicas, energía sostenible de la madre tierra. Más a la izquierda, intento con mi imaginación escuchar el fragor de un combate naval, del más encarnizado y costoso combate librado por soldados españoles a cuenta de la potente Francia. Pero los ecos del Trafalgar de 1805 no me llegan, ni el color de la sangre derramada, ni el picante olor de la pólvora ardiente o el nauseabundo olor de la carne quemada. Ni siquiera la rabia.

Me llegan hervores de piel, ardores de sangre joven. Carne fresca y desnuda por las playas de Zahora o de los Caños de Meca. Amor al aire libre. Calor del flamenquito almibarado para el consumo en coches tuneados. Fuego de brasas al caer la noche, hogar de playa. Verbenas de rastas en cabezas huecas y en cabezas llenas. Color de verano.

La brisa de Poniente, me trae de las aguas de Trafalgar colores, calores, olores, amores de verano...

Es lo que tiene mirar desde otra orilla, ver con otra mirada, ponerse a sotavento.

Por eso estoy aprendiendo a mirar. Y me gusta.

servido por cavilante 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

flor_deloto

flor_deloto dijo

Me gusta como miras con tus dos miradas, desde tus cuatro orillas.
Hasta podría copiarme e intentar hacer lo mismo desde mi terraza privilegiada, pero después de pensarlo no me decido ... aquí no hay flamenquito almibarado sino raegetton agresivo, aquí no hay rastas llenos o huecos sino brazos y piernas tatuados por doquier. Suena el son cubano, el hip hop y las mil torres de Babel. Y esa, esa no es mi playa. Ni mi verano. Prefiero mi amor al aire libre y llenarme de arena cuando la playa está vacía .... y eso empieza en otoño.

Cuéntame más de Gibraltar.
Alguien a quien quiero mucho acaba de llegar de allí y me trajo fotos de micos traviesos y un imponente atardecer al filo del peñon.

Un beso de verano.

17 Agosto 2007 | 04:32 PM

cavilante

cavilante dijo

De acuerdo Flor de Loto, este finde te prometo postal de Gibraltar. Aunque, me lo repienso. El próximo sábado lo iré a visitar por dentro por primera vez. Mejor espero a recoger las esencias para destilarte alguna cavilada.

PD: Esta página comenzó llamándose "La destilería del cavilante"

17 Agosto 2007 | 05:00 PM

romantique

romantique dijo

Esa zapatilla roja seguirá soñando... no hay mejor manera de seguir adelante.

Me gustó tu abrazo intenso.

Gracias por tu visita cavilante.

17 Agosto 2007 | 06:54 PM

fetuza

fetuza dijo

gracias por tu visita y tu reflexión sobre el tiempo y la edad. Me ha gustado lo que escribes y volveré por aquí con frecuencia.
Un saludo

18 Agosto 2007 | 12:11 PM

instanteca

instanteca dijo

El mismo mar, los mismos labios, las mismas manos que dan la vida pueden quitarla. La misma mar calmada que guarda a los pescadores desguarnece las pateras. La misma orilla que aquí es cotidiana, allá sólo es posible en los sueños.

Convivimos con la suerte y guardamos sus fronteras. Pero no queremos darnos cuenta de que las fronteras se mueven, como las banderas. Y la suerte también.

Por otro lado, estuve en julio en Gibraltar y, la verdad, no creo que vuelva. El peñón sólo es un centro comercial enorme, sobrevalorado por los errores del pasado y por su situación estratégica, que sólo produce el agobio de las multitudes y la extrañeza de las vestimentas.

Eso sí, cuando el guía nos señaló hacia "Trof-alga" y luego girándose un poco al este dijo "Siuta, Siuta, aquí mehmo, mu serquita Siuta"... no pude evitar una sonrisa al escuchar su acento.

Bueno, ya nos contarás tu experiencia. Por cierto, los monos me parecieron bastante desagradables. La palabra lo dice, macacos.

18 Agosto 2007 | 12:39 PM

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EL ESPEJO INSONDABLE

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Soy un caminante que cavila mientras observo las maniobras de otros caminantes a través de mi espejo. Si la vida me sonríe, la miro con buen humor. Si la vida se ríe de mi, la veo con sarcasmo. A veces no la miro, me desapego, o me pongo romántico para lamer sus heridas. Admiro la inteligencia en cualquiera de sus expresiones y disfruto con la belleza y con cualquier atisbo de creatividad. La palabra es una herramienta de comunicación que me deleita cuando, usada con arte, es capaz de conmover mis sentimientos. No soy del Madrid, ni del Barça, ni del Betis; sólo milito contra la INTOLERANCIA, en cualquiera de sus formas, y contra la MANIPULACIÓN de la realidad hacia intereses egoístas. En mi podréis encontrar al amigo, jamás al enemigo, no me gusta perder el tiempo en futilidades. Y si no me encontráis, buscad en el espejo insondable...............
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