Talante sajón
Me gustaría ser feliz e indocumentado. No creer en el mantenimiento preventivo de los aparatos. No haber heredado, a pesar de ser español, ese espíritu de la conservación de las cosas a través de la buena fabricación y el buen uso. Ese espíritu sajón, bien británico o bien germánico, que se ha ido inoculando en nuestro, a veces desesperante, espíritu latino. Es de los latinos una mala costumbre, por ejemplo, "pasar" de leer las instrucciones a la hora de estrenar un aparato de cierta tecnología electromecánica o electrónica, usándolos intuitivamente; hasta que nos vemos obligados a leer las instrucciones cuando no conseguimos ponerlo en marcha o sacarle todo el partido que la propaganda mediática nos había anunciado.
Tengo la impresión de que en asuntos antropológicos hay muchas especies de hombres, los hay incluso llamados personas humanas por algunas cartas magnas. Ironías aparte, me interesan especialmente las especies bipolares. Hay hombres (en el sentido humanista de la palabra, no se me ofendan las personas humanas hembras) que producen y hombres que consumen. Hay hombres que han nacido para servir a los demás (generosamente, porque sí, dejémonos de rollos clasistas o laborales) y otros que han nacido para que alguien les atienda, les sirva, les resuelva. Hay hombres que han nacido para matar y otros para morir. Hay hombres que estudian y otros que son estudiados. Hay hombres que inventan, que crean, que generan y otros que destruyen, que colapsan, que retardan. Hay hombres que mandan por su afán de poder y hombres que obedecen por su incapacidad de ejercerlo, si bien esta cualidad no suela ser en estos tiempos algo congénito.
En mis varios viajes por Europa, África y América, mi curiosidad ha reparado en la existencia de diversos comportamientos humanos. No sé si los genotipos definirán determinadas conductas, porque no he estudiado al respecto, pero no puedo dudar que los distintos pueblos, incluso gupos humanos, tienen cada cual su peculiar idiosincrasia, su personalidad colectiva.
Me llama poderosamente la atención que en el mundo occidental, pilotado sin ambages por el espíritu sajón, los bipolarismos tienden a diluirse en aras a una pragmática evolución de la cooperación, como los animales simbióticos. A veces somos anémona y otras pez payaso, o viceversa, depende de la necesidad. Una vez estabilizada, legalizada y asumida culturalmente la conquista de derechos inicada en 1789, la estrategia promovida por el capital sajón, ha llegado a finales del siglo XX, roto el muro que impedía ver el fracaso socialista (marxista), a asociar en una práctica simbiosis a sindicatos y patronales, por ejemplo. Probablemente la ataraxia ideologizante y el desuso de posturas panfletarias, junto a un tecnicismo más popularizado, más al alcance de todos, han sido los mejores lubricantes para el motor de la economía, al menos en España.
Sin embargo, en las zonas impermeables al talante sajón, en esos pagos que antes conocíamos por el "Tercer Mundo", sin querer saber muy bien cual era el "Segundo Mundo" o si había un "Cuarto" (el Fondo Monetario Internacional lo sabía sobradamente), las dualidades son exageradas. La asociación para la cooperación no existe. El parasitismo sustituye al simbiotismo. El resultado es que todo el mundo vive a costa de alguien, por la jeta. La ley de la selva. La ley del más fuerte. En África, sin ir más lejos, el continente más inóspito y rico en productos naturales (siempre al sur del desierto del Sahara) el poder tribal prima sobre cualquier estructuración copiada de los estándares occidentales. Las culturas son tan arcaicas como elementales donde nunca hubo una civilización conocida, un legado histórico superior a la transmisión parental oral. Cualquier aproximación sociológica desde Occidente, tendría que buscar los referentes en las zonas que quedaron más aisladas de las calzadas romanas en la Baja Edad media.
Curiosamente, estos pseudocivilizados ciudadanos de estados forzados por una precipitada emancipación colonial, son mercado de los países civilizados (tal vez por ello se les emancipó). Nuestros productos --mejor, sus productos-- llegan hasta los rincones más insospechados y con el PIB más bajo del planeta. Y, por supuesto, sin saber leer las instrucciones, los utilizan. Televisores, lavadoras, aparatos de radio, coches, maquinas agrícolas, etc..., ya sean compradas o donadas, son usadas, más o menos certeramente hasta que "se gastan". En muchos de estos lugares, la tecnología es de un sólo uso, el que permita su rendimiento. Si alguna pieza falla, se deteriora, se rompe, o si se gastan las baterías, o si se obturan los inyectores... y el aparato deja de funcionar, para ellos, "se ha gastado"; y se conforman, o rabian, o le encargan al chamán un conjuro, pero no avisan al técnico para que lo ponga en servicio, entre otras cosas, porque no existe; y si existe, estará atareado en los palacios presidenciales o en los reductos de "los blancos".
¡Qué felicidad! Si yo tuviera dinero suficiente, me gustaría sustituir cada aparato que deja de funcionar adecuadamente, sea el coche, al aire acondicionado, la caldera o la puerta del garaje, por otro nuevo. Y en marcha.
Digo todo esto, porque esta semana las meigas han enredado en la casa y me han dejado de funcionar más de tres elementos necesarios para el confort "occidental" y he recordado con una sonrisa aquella expresión que escuché tantas veces en Guinea: "¡Massa, la tele se ha gastado!"
Massa: en spanglish es una derivación del master inglés, es decir, jefe o maestro.



flor_deloto dijo
Massa, la fatiga del material !.... o la vida que conspira en nuestra contra .... o 'algún día tenía que dañarse' .... o tantas explicaciones más, entiendo perfectamente lo que dices.... a mi esta semana me ha pasado lo mismo! En todos lados se cuecen habas!
buenas noches .....
31 Julio 2007 | 03:35 AM