A contraluz
Su figura se recortaba al fondo del salon de las citas perdidas. Majestuosamente sentada, enmarcada en el dintel de una ventana abalconada que una casa antigua, del siglo XIX, asomaba sobre la plaza de Isabel II, parecía estar tomando el té, mirando hacia adentro. Como si me mirara a mi.
El contraluz de su silueta, respaldada por la luz nublada de esta primavera tormentosa, daba más misterio a la persona. Sus ademanes calmos me informaban de un carácter sólido, templado por el estudio y por la confianza en sus posibilidades. Serena figura de un contraluz velado.
Recogió sus libros y su cuaderno de apuntes, se levantó, lió la bufanda a su cuello bohemio y salió de la sala con paso aplomado. Al pasar a mi lado dijo "arrivederci", girando levemente la cabeza. Tal vez mi insistente mirada hacia la ventana intentando desvelar el contraluz, le resultó molesta.
Sobre la mesa, junto a la bandeja de la cuenta con propina, se había dejado algo, una especie de folleto. Me levanté por ver si fuera de interés e intentar llevárselo, si acaso conseguía darle alcance. Era un folleto de la colección privada de Carmen Cervera en el museo Thyssen-Bornemisza. Había un número de teléfono móvil escrito a mano, con grandes números. Pensé que me lo había dejado escrito a mi. Pero no me atreví a usarlo. No sé hablar italiano.



poedia dijo
Me ha gustado, muy bien resuelto... Definitivamente, las visitas a Madrid te cunden un montón.
¿Qué es eso de cambiarte a "el cubil"...? mmmmm Yo como soy de pueblo no es una palabra que relacione con algo agradable... mi abuela decía, toma y lleva esto al cubil del gocho... :P Por supuesto, no es el caso, ¿no?
25 Mayo 2007 | 01:44 PM