Su voz radiaba alborozo
Esta mañana he recibido una llamada telefónica inusual. Era mi hija pequeña. Y digo inusual, porque ella no suele tener la iniciativa de llamar. Como todos los niños, siempre está con otras prioridades lúdicas y actividades que le distraen y la mantienen absorta en sus mundos; eso sí, suele subrogarse a los frecuentes contactos telefónicos familiares que mantenemos en la coyuntural separación geográfica.
Hoy ha llamado ella y desde el primer momento he notado en su voz y en su acento un tono de regocijo, de excitación.
- Papi ¿A que no sabes qué? -mi hija.
- Pues no, no se qué -yo.
- Que ya he ido rodando sola con la bici y mamá me esperaba quieta en un sitio, sin ir detrás de mi... -ella, entusiasmada.
- ¡No me digas! -yo, con la sonrisa atravesada entre las orejas y un hilillo de baba colgando por la comisura.
Su voz radiaba alborozo por la satisfacción de una superación. Ella, -muy inteligente por cierto- sabía que iba retrasada con la media de los niños de su edad, en lo que a manejo de la bici se refiere. Sus miedos, su excesiva e innata precaución, siempre le han atenazado a la hora de realizar juegos que implicasen velocidad o altura excesivas para ella. Sopesadamente, los erradicaba de su protocolo infantil. Pero sufría por ello.
Hoy se ha liberado de una pesada carga infantil, la de ser diferente de los demás niños de su edad por no saber montar en bici. A partir de mañana, por las tardes, después del colegio, tendrá la ilusión de perfeccionarse en la conducción de la bici.
Bendita niñez.


DVD dijo
Sin duda la mejor medicina para la lesión que sufriste. ¿Sabe nadar? Insisto ;)
15 Abril 2007 | 10:05 PM