Los mitos nos matan
¿Cuando nos libraremos de los mitos en el suceder cotidiano de la vida pública?
Si miro a otras sociedades occidentales a las que todos tenemos por modelo de desarrollo, estabilidad y democracia en libertad, palidezco todavía de envidia. Si miro a nuestra sociedad española, modelo de desarrollo y democracia en libertad, palidezco de vergüenza.
Hoy veo tan poblada de banderas españolas la manifestación de los populares en Madrid, que me recuerda a las manifestaciones de adhesión al Caudillo en la plaza de Oriente, a primeros de la década de los setenta; pero con más dinero, porque hay más banderas, casi tantas como personas. El aislamiento internacional de aquel momento, y la perfecta manipulación sociológica del régimen de Franco, recurría al mito de la bandera para arropar a un Jefe de Estado en mal estado. Y eso ha calado en el subconsciente colectivo como una forma de representarse en la voz de España. De su España excluyente.
La diferencia es que entonces no había urnas. Y que sólo se podían manifestar las expresiones adherentes. Y que el día anterior la policía social había detenido a la mayoría de los líderes disidentes o los tenía controlados. Entre otras diferencias.
Muchos de los que se manifiestan hoy son los mismos de entonces, y sus hijos y sus nietos. Y recurren al mito de la bandera, apropiándoselo indecentemente, como si la hubieran inventado ellos, como si hubieran puesto su sangre para teñir las franjas rojas que la componen. Manifestándose "contra" el resto de España.
No me imagino a un emericano manifestándose con una bandera de su país contra nadie. Utilizan la razón, su razón, en forma de esloganes escritos en pancartas y carteles. A veces imitan la sarcástica ironía mediterránea del "ninot" para ridiculizar a Bush o al responsable de su discrepancia, y hasta lo queman. Pero no utilizan la bandera nacional.
Hoy me toca el mito de la bandera, pero ¿cuántos mitos se encierran todavía tras las motivaciones de actuación de muchos ciudadanos españoles? ¿Cuantos en el origen de la crispación que conduce a algunos a tomarse la justicia por su mano?. La hombría, el honor, la dignidad, la fé, la justicia, la unidad... Los mitos nos impulsan a tirar una botella de agua a la cabeza del entrenador del equipo contrario...
¡Cuantos mitos nos matan!
Estudiando la raices de los comportamientos fundamentalistas de las sociedades islámicas, me he percatado que son todavía prisioneros de los mitos, elevados a la categoría de sharia (ley islámica). Estas fuentes míticas subyacen en la manipulación colectiva hacia la umma, la unión de los creyentes, de la que abusan los talibanes de las sociedades más deprimidas.
Quiero ver el futuro con optimismo y que cada vez sean menos los jóvenes y los niños envenenados por mitos, para que se sanee el imaginario colectivo de nuestra España, para que la convivencia no se vea alterada por la rivalidad política, ni por la apropiación de símbolos y sentimientos que nos pertenecen a todos.
