ETA no existía, ellos nos habían anestesiado. La tregua existe.
ETA existe, como ha dejado patente en el atentado a la infraestructura del aeropuerto de Barajas, el pasado 30 de diciembre de 2006. Pero el Equipo A, que capitaneaba con más voluntad que estrategia un indefinido y abstracto “proceso de paz”, nos acababa de decir que este año 2006 estábamos mejor que antes…
Mientras, el Equipo B, desde el banquillo, no soportaba la idea de que el Equipo A pudiera mantenerse en el terreno de juego a costa del eventual éxito del “proceso de paz”. Al Equipo B, según entienden sus actuales dirigentes (que no sus votantes) les va bien cuando a los titulares (Equipo A) les salen mal las cosas. Mala táctica para la selección española. El Equipo B mira más las pantorrillas del Equipo A que el césped donde se la juega España.
El Equipo B, siguiendo los postulados del más enterado de El Mundo –conocido como el Ególatra-, nos decía que el "proceso de paz" era un invento del Equipo A, un artificio para mantenerse en el terreno de juego y que era inaceptable porque suponía rendición, entrega, deshonra, traición a las víctimas, infortunio para España y demás cataclismos… ¡Hay Carmela, que mentiras!
Todos lo deseamos. La paz es necesaria. Y lo es más en un Estado democrático y de Derecho que, sin paz, es incompleto. Pero la paz, es un fin cuando se está en guerra, no un comienzo. La paz, sólo puede conseguirse con la capitulación de ETA, que es el brazo armado con métodos terroristas, del entramado sociopolítico vasco-abertzale, en contra de España. El cacareado “proceso de paz”, no es sino un largo camino hacia las capitulaciones, un tanteo, un borrador de negociación.
El principal eslogan del Equipo B es: ¡Hay que acabar con el terrorismo! -lo que, evidentemente, es el deseo de todos los españoles-, pero yo sólo veo una simple formulación. Prefiero invertir los términos. Es obvio que si se consigue la paz, ya no habrá terrorismo. El fin del terrorismo es la paz misma. Porque lo de acabar con el terrorismo como propugna el Equipo B me empieza a sonar a extermino, a extirpación, a eliminación, que son buenas medidas cuando el cáncer es incipiente, no cuando la metástasis ha cuajado en el organismo social vasco. Por eso habrá que explorar otras medidas terapéuticas que permitan un desarrollo político y social normalizado, por ejemplo: la de la reconversión, la del reciclaje, la de la readaptación, posibilitar la desclandestinización.
Las fórmulas del Equipo B (cuando estaba como Equipo A), en algunos casos, fueron buenos ensayos para poner a punto la maquinaria policial y legal con la que presionar a ETA, y lo consiguieron pero, a la larga también han servido para anestesiarnos un poco y evadirnos de la realidad. En otros casos, aplicaron la táctica del “borrado” que es un poco falsaria. Una realidad socio-política –terca y bruta donde las haya como el nacionalismo abertzale- no deja de existir por tacharla del vocabulario, por cambiar sus nombres o por eliminarla de las listas legales. Ilegalizar es poner al margen de la ley, no eliminar.
El Equipo B, a veces –bueno, casi siempre-, parece que está cargado de razón. Como si le hubiese iluminado el mismo Dios. Como Bush, su amigo, que se jactó un día de haber acabado una guerra, a las pocas semanas de la invasión de Irak y, tres años después, vemos un país sangriento, cada vez más desvertebrado y cada vez más irrecuperable a la normalidad. Utilizó la táctica del “borrado”, ilegalizando a la totalidad de un Ejército de más de quinientos mil soldados e ilegalizando a un partido, el Baal, que había sustentado el régimen de Sadam. También prohibió el uso de términos, como “insurgencia”, “guerrilla popular”, “comandos patrióticos”, términos que fueron eliminados hasta de la CNN. Pero, ahí estaban y están, ¡dando leña! El sentido común dictaba que hubiera sido conveniente purgar esas instituciones liberándolas de los irreductibles fieles a Sadam, y a los demás funcionarios (civiles o militares) permitirles vivir en su país y no empujarles a la clandestinidad donde se han hecho los amos del terror manchándose de sangre por décadas.
ETA existe y aunque esté ilegalizada, perseguida o desarticulada, seguirá existiendo porque hay detrás de ETA un sustento popular que nunca nadie, ni los A, ni los B, ni los Z, nos han sabido o querido explicar. ETA existe y sólo dejará de existir cuando se encuentren los cauces que permitan insertar a sus seguidores en el marco político común de todos los españoles. Ese es el cascabel que hay que poner al gato.
El “proceso de paz”, intuyo que fue promovido desde el entorno de ETA, a través de diversos interlocutores insertos en “nuestro sistema”. No es un invento del Equipo A, no, es una necesidad de la coyuntura histórica que nos toca vivir. ETA no tiene sentido en el siglo XXI y lo sabe, pero ETA existe y hay muchos miles de etarras implicados y muchos años invertidos en una lucha como para dejar de existir de un borrón. Aquí no hay borrón y cuenta nueva que valga, porque para ese viaje no han hecho las alforjas. En ese caso, seguirán a su manera, en sus andadas. Ni, por supuesto, se trata de legitimar a ETA. Se trata de buscar una fórmula de reintegración de acomodación a nuestro sistema. Hecha desde la ataraxia, no desde la histeria, en el marco del Derecho.
La lectura del atentado de Barajas y del reciente comunicado de ETA invocando que la tregua sigue vigente es, de puro simple, evidente. Pero hay que hacerla también desde la ataraxia, no desde la histeria. A veces, los árboles ocultan el bosque.
El “proceso de paz” estaba en vía muerta -y por el camino que vamos, seguirá en vía muerta-. El Equipo A es consciente de que no puede dar un paso sin la anuencia del Equipo B (y eso lo sabe el Equipo B) y el Equipo B sabe que si se sienta en la mesa, la historia apuntará el éxito al Equipo A (y eso lo sabe el Equipo A). Y el “proceso de paz” nunca puede prosperar si no se sientan todos los negociadores. Todos, porque ETA negociará con el Estado, no con el gobernante de turno. Es la unidad que reclama El Rey, la cohesión de Estado para absorber en su seno la realidad que representan los descarriados hijos de ETA.
A ETA, en esa coyuntura, “se le estaban dando largas”, se le estaba ninguneando; que es una forma –aunque en este caso no programada, al menos por el Equipo A- de menospreciar el elemento hostil de la guerra terrorista que nos amenaza desde hace casi cuarenta años. Y ETA se rearma para dar un golpe de efecto. Y por el escenario elegido pretendía, probablemente, que fuera aparatoso, mediáticamente sonado, e incruento. Desgraciadamente, dos inocentes jóvenes extranjeros fueron a descansar a un lugar equivocado, donde a ningún español se le hubiera ocurrido hacerlo. Un lamentable “daño colateral” como diría el amigo Bush –como dijeron del homicidio del cámara de Telecinco, José Couso- que no está en la intención del atentado.
La intención del atentado, probablemente no era matar a nadie –hay escenarios y horas más cruentos como desgraciadamente sabemos-. La intención era dar un puñetazo de fuerza en la mesa a la que se resisten a sentarse algunos y mandar el mensaje de que ETA EXISTE, tiene fuerza, tiene nivel de interlocución porque su propuesta es, precisamente, dejar de usar ese instrumento tan horrible y que puede causar tanto daño.
El 30 de diciembre ETA puso sobre la mesa toneladas de hormigón destruido para obligar a los políticos a superar el “stand by” del proceso.
Es bastante obvio que ETA no puede seguir por la vía del terrorismo islamista, que le alejaría de cualquier escenario de normalización, por eso se impacienta y por eso, si no prospera la mesa de negociación, seguirá con el terrorismo contra la infraestructura estatal, porque es la única forma de mantener su capacidad de negociación. Sí, es una forma de extorsión, pero es su única baza.
¿Habrá que cavilar en cómo hacerles entrar en razón?

poedia dijo
No sé donde hacerte este comentario, pero es que (en mi humilde opinión) le sienta muy mal a tu blog que el tag más grande que tenga sea "acebes". Bien feo, cuando tú sabes hacer un sitio bien bonito.
A ver cuando nos vemos...
14 Enero 2007 | 12:53 AM