La Coctelera

EL ESPEJO INSONDABLE

Este espejo intenta hacer visible lo invisible a los ojos del entendimiento. Acércate con OTRA MIRADA y tal vez lo puedas lograr.

27 Noviembre 2006

Desventuras en mi celda

No soporto cuando irrumpen en mi celda con la bandeja-termo en ristre, encendiendo las luces si es de noche, o si es de tarde y tu tienes la persiana bajada. A veces no dicen nada. A veces te dicen ¡buenaaaasssss! y la depositan donde pillan. Si tienes la suerte de que la mesita de noche -con implemento de mesa para comer en la cama- está despejada, te la dejan ahí, que es su sitio; si no, te la dejan donde pillan, encima de la televisión-con-taxímetro, encima del sofá o encima de tus piernas, aunque estés jodidamente roto y las tengas más delicadas que la cabeza de un recién nacido.

Alguna vez aparece en el turno alguna auxiliar más maja, o menos insufrible sin llegar a ser maja. Se preocupa de como estás, te pregunta si necesitas algo, aunque saben que la respuesta siempre va a ser un educado, no, gracias. Eso es porque son listas, porque si perciben previamente que les vas a pedir algo, probablemente no te lo preguntan ¡Ay Señor, Señor, mándame auxiliares listas! que prefiero a estas auxiliares que te tratan como persona que a las que te tratan como igual, o sea, como cosa.

Ya te digo, lo peor de la celda hospitalaria es sentirse uno tratado como cosa. Sobre todo porque no tienes derecho a nada. Porque podrás estar lisiado, peo no tonto, y entonces te sientes impotente para valerte por ti mismo y eso empeora las cosas, aún más, si cabe; porque te sientes dependiente del personal sanitario y debes tragar por conveniencia lo que en una convivencia normal, sin minusvalía, no tragarías. Cuestión de supervivencia.

A propósito de tragar. El catering excelente. Menos mal. Nunca había estado ingresado en un hospital privado y he comprobado que la pensión alimenticia está a la altura de esos excelentes menús del día que sólo sabe ofrecer Madrid.

Cuando llevas un tiempo en la celda te raya un poco el horario inflexible, aunque también reconozco que ese horario te permite ejercer un control sobre el decurso del tiempo diario, sobre todo si eres invidente o no tienes reloj, o no lo quieres mirar como yo. Algunos días me sentí gallina ponedora de granja. Tu vida, en manos ajenas al estar postrado inválido en tu cama, queda secuestrada por el reloj hospitalario que marca inexorablemente las horas de tu rol de paciente. Los tiempos y las actividades que te afectan las marcan los medicamentos y las curas, la alimentación y la higiene. Medicamentos y curas son administrados por enfermeras/os. Por cierto, cada vez parece haber más enfermeros en plantilla, aunque siempre en turno de noche. Y digo yo si no será porque los médicos no quieren aprovecharse de ellos. Me refiero a eso, a que las enfermeras han sido siempre el ojito derecho de los doctores de la medicina, como las azafatas lo eran de los comandantes pilotos, que muy señores y muy exigentes con la competencia laboral, siempre han sabido rodearse de las mejores mujeres como ayudantes de sus responsabilidades profesionales ¡Las mejores y la más buenas, curiosamente! Supongo que cuando los médicos vayan saliendo del armario empezarán a proliferar enfermeros en el turno de día. Porque, hoy por hoy, los puestos para tíos en el turno de día suele estar reservado a los celadores, que son los taxistas hospitaleros; conduciendo camas arriba y abajo, sorteando los múltiples obstáculos -a modo de carritos diversos- que las enfermeras y auxiliares (los enfermeros no hacen esas cosas por solidaridad de género, je, je,je) van sembrando por los pasillos. Yo, la verdad, me sentí diferencialmente mejor atendido por los chicos que por las chicas del turno de noche, sobre todo recuerdo a una enfermera prepotente incompetente que...¡Ya lo cuento otro rato!

La cosa de los turnos es muy sencilla. En las plantas hospitalarias se cubre una jornada de 24 horas con turnos de 8 horas, con relevos a las ocho de la mañana, a las cuatro de la tarde y a las doce de la noche. Hora arriba o abajo.

Por empezar de madrugada como las gallinas, por ejemplo, ya que he mencionado la especie anteriormente, la cosa de los medicamentos te suele despertar en el mejor sueño. Entre las 6,00 y las 7,00 de la mañana, el enfermero/a de turno de noche hace la ronda por el pasillo con su carrito lleno de medicamentos (orales y/o endovenosos) y va entrando en las habitaciones colocando sus dosis. Si estás de tratamiento oral, la cosa es rapidita, aunque a veces dificultosa. A mi, en esa fase (al final de mi internamiento) me dejaban un vasito de plástico minúsculo con las píldoras a tomar; lo malo es que te las ponen sin agua. Si no tienes familiar acompañante en la celda vas jodido porque o te las tragas en seco, con riesgo de atragantarte, o tienes que estar pendiente de pedir el agua o llamar después con el interfono para que alguien se apiade de ti; entonces te das cuenta de lo feliz que eras cuanto tenías una vía venosa abierta y te inoculaban los medicamentos por ella.

El siguiente punto en la agenda es el desayuno. Cuando has vuelto a coger el sueño y estás en el sopor ese del duermevela que te dan los analgésicos...¡Zás! la puerta se abre con la odiosa auxiliar que dice ¡Buenaaaaaassssssssss! y ahí es donde empiezas a pensar seriamente que, alguna vez, tendrás que contar tus desventuras en algún blog para desahogarte. Porque te gustaría no reprimirte y poder saltarle al cuello y reduciéndola contra el suelo, decirle: escribe mil veces "no irrumpiré en las habitaciones de los enfermos como si estuviera en una cantina de legionarios sedientos". Te dejan la bandeja sobre la mesita articulada y se van. Y tú te quedas iracundo, desvelado y muy perezoso a desayunar. Porque con la vía clavada en el dorso de tu mano (una vía no es un carril para un tren, sino una aguja clavada en la vena para meter o sacar cosas de ella), llena de cánulas, que te llegan desde las botellitas que cuelgan del vástago bicorne anclado en el cabecero de la cama ortopédica, no hay quien se mueva. Y la puta mesilla rodante no tiene mando a distancia y tú no tienes ni fuerzas, ni postura para tirar de ella, ni ganas de mover el carrito ¡Que se joda el desayuno! O sea, que si estás pachucho, te quedas sin desayunar. Y seguro que cuando la auxiliar venga a recoger la bandeja del desayuno y lo vea intacto, te comentará perdonándote la vida..."Huy que poco me comes...así te vas a quedar cada día mas débil"...la muy cabrona.

Lo que mola es la cama ortopédica. Francamente, merece la pena que te internen en un hospital sólo por disfrutar de la cama con mando a distancia. ¿Que te duele la pierna porque llevas más de dos horas en la misma postura, inmóvil y sudorosa...? pues le das al mando, y los pies de la cama se elevan. Entonces la sangre de los pies se cae hacia la ingle y la pierna se cree que te estas levantando. Y así, engaño tras engaño, a base de tocar el mando a distancia y subir y bajar la cama, consigues que la pata no te de la lata. También puedes levantar el cabecero. Que, si vas a beber agua, es imprescindible para no regarte el pecho con los sorbos desbordados. Le das al mando y la parte superior del colchón se va elevando, girando sobre el centro, sobre el que tu culo, escocido por el sudor, descansa cuando puede. ¡Pero ojo, no te pases de elevar la cama por la cabeza y por los pies! porque si se te baja la sangre al centro, corres el riesgo inyectar vida a los genitales...y no eztá er patio pa farolillos.

Después del desayuno viene la hora de la limpieza, un proceso descoordinado que suele durar una hora larga, a veces con reminiscencias que duran hasta el día siguiente -cuando no se olvidan las toallas o sábanas, te dejan sin palangana o se llevan las almohadas- Comienza cuando "la señora de la limpieza", con uniforme distinto de los de enfermería, entra con aires de señora con una bayeta en la mano derecha dispuesta a acariciar tenuemente algún trozo de superficie que vea libre y reluciente. Me explico. No creas que va a mover un vaso o un libro o una caja de bombones que hubiera en alguna de las repisas o en la mesita de noche, no, ella pasará su bayeta volando sobre los diversos objetos que se cumulan en una habitación cuando llevas varios días internado y has recibido visitas diversas. Sólo limpia los espacios desnudos, que suelen ser los que etán limpios. Creo que conté tres o cuatro aterrizajes de la bayeta. Eso sí, enseguida cambia la bayeta por una fregona -que curiosamente utiliza sin escurrir, probablemente porque no está contemplado en su convenio colectivo- y la pasa por el suelo dejándolo encharcado e impracticable para media hora larga, eso sí, previamente te abre la ventana de par en par, para que seque antes, en mitad de noviembre y con 10º en la calle. Debe de ser un código, parece la excusa para no entrar que necesitan las enfermeras y auxiliares que pretenden cambiar la ropa de las camas y ayudar a los enfermos inválidos a asearse ¿Serán cómplices? Porque a veces, pocas eso sí, y dependiendo siempre del turno y de las personas que entren, pues resulta que o no te lavas o no te cambian las sábanas. Acabado el aseo, te quedas un rato tranquilo que también se agradece.

Hacia las 12,00 horas te traen nueva dosis de medicamentos, y cada seis horas se repite el proceso. A mi me chutaban en la vena antibióticos de tres colores -es un decir- y analgésicos antiinflamatorios. El proceso depende de la densidad del contenido de los goteros. Más denso, menos gotean, más despacio entran, más tardan. Aunque hay enfermeras que piensan que el problema es tuyo, que los goteros no fluyen deprisa porque tú eres un inútil de mierda y no colocas bien el dorso de la mano, o tocas el gotero en su ausencia...¿Porqué no estudiarán ciencias físicas las DUE (Diplomada Universitaria de Enfermería)?

Y al poco, a partir de las 13,00 horas, la bandeja-termo asomará por la puerta en cualquier momento. Unas veces con un ¡Buenaaaaassss!...y otras, en sospechoso silencio, que no sé que es peor...Y procura que a esa hora, y a las 20,00 horas, que es la de la cena, haya un familiar acompañándote para asegurarte de que puedes comer algo. La merienda de las 17,00 horas, es como el desayuno, si no te ayudan, date por ayunado.

Los amigos y familia suelen venir a verte cuando salen de trabajar, que suele ser a la hora de tu cena, pero como son amigos soportan el trance, a veces con cierta envidia, cuando ves como miran los platos que tú tienes que comerte a esa hora, porque si no, la auxiliar de turno pasará media hora más tarde llevándose la bandeja.

A partir de las 21,30 la cosa se empieza a calmar. Te quedas a solas o con el acompañante que se atreva a dormir en el sofá-cama de al lado, que no es ortopédico y no tiene mando a distancia, por lo que no puede controlar el flujo de sangre a los genitales...Es la hora de la tele, porque leer, lo que se dice leer algo que no sea ligero como los anuncios de Media Markt, cuando estás ingresado, como que no te lo pide mucho el cuerpo, al menos cuando estás recién jodido. Entonces la tele te salva, aunque a un precio sorprendente. Resulta que son tele-taxi, tarifa plana. Tú compras una tarjetita en una máquina de vending, la inyectas en el aparato de tu celda y se te activa la tele durante 24 horas, por el módico precio de cuatro euros. Así concilias el sueño...o te quedas en vigilia hasta las 00,00 horas, cuando vienen con los goteros repostados a tope a meterte medicinas en la sangre.

Luego paz y sueño hasta las 6,00, si no hay algún percance o alguna urgencia de noche entre los vecinos de habitación, que por lo que he podido comprobar, siempre hay alguien más jodido, más mayor y más indefenso que yo.

A si que, ya paro de quejarme, pero no dejo sin mandar un saludo a los profesionales de la medicina hospitalaria que siguen como cuando empezaron, pensando que un enfermo es un paciente, generalmente doliente y que en sus manos está que no sea también sufriente.

servido por cavilante 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

poedia

poedia dijo

Coñe, la resignación, lo que le hace a uno pensar... Te compadezco!! Con todo, yo no guardo tan incómodo recuerdo de mis horas hospitalarias... (en ese sentido, quiero decir).
Cambiaste la plantilla, no? Me gustaba más la otra... ejem.
Un abrazo.

27 Noviembre 2006 | 07:29 PM

ana maria

ana maria dijo

Estoy sorprendida de tu estancia en el hospital. No me imaginaba que un hombre dedicara tanto tiempo y tanto espacio a divagar sobre lo que ya sabemos de sobra. Por suerte, se advierte que no has frecuentado mucho los hospitales. Eso sí, me ha llamado la atención la forma como catalogas a las personas de la jerarquía más baja de un hospital.
De todos modos, sin esas "señoras" de la limpieza o sin las auxiliares que te tratan como lo que, según tú, ellas son. O sea, una "cosa"; no podrías tener el trasero limpio, sábanas impolutas o esa pastillita que te ha aliviado eldolor físico y, seguramente, habrá sido un placebo para los tormentos de tu alma.

ana maría

29 Noviembre 2006 | 10:42 PM

Cavilante

Cavilante dijo

Señora Ana María, léase usted el último párrafo antes de regañarme y luego inclúyase en el grupo que considere oportuno. Como en todo en la vida, hay de todo en la viña del Señor, incluso en los hospitales. Si no fuera usted, Ana María, tan literal o tan reactiva, hubiera podido percibir que mi sufrimiento se ha destilado en ligera y respetuosa sorna (en ningún momento he faltado el respeto a nadie en el colectivo mencionado) que para eso están los blosgs, para decir lo que uno quiera, sin ofender...y si se siente usted ofendida, lo siento, no era mi intención hacerlo...Intente aprender a leer de otra forma, con otras gafas, sin rencor o sin complejos, con alegría y sin "mala sangre".
No hay profesiones "divinas", no hay mitos que defender, sólo hay buena o mala praxis, gente competente y gente torpe, aunque a todos les paguen lo mismo. Hoy he subrayado, en clave de humor, los rasgos deficientes de una profesión de "servicio" que trata con personas; antes era una profesión vocacional, ahora me temo que se ha quedado en sindical, en todo caso, hay un horario, unas obligaciones y un sueldo, ¿O es que cree que a mi me atendieron en ese hospital privado por beneficencia? ¿Estoy acaso hablando de una ONG de voluntarios?...ufffff....¡Que me caliento...!
Otro día, Ana María, le cuento lo del extravasado intramuscular que me hicieron, al cogerme una vía nueva, inyectándome 300ml en el brazo, en lugar de en la vena, ¿Se lo han hecho alguna vez? Y no he denunciado a nadie teniendo nombre, dia , hora y testigos; usted, por su talante, seguro que lo haría. Yo me conformo con el blog. Gracias por leerme

30 Noviembre 2006 | 01:44 AM

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Soy un caminante que cavila mientras observo las maniobras de otros caminantes a través de mi espejo. Si la vida me sonríe, la miro con buen humor. Si la vida se ríe de mi, la veo con sarcasmo. A veces no la miro, me desapego, o me pongo romántico para lamer sus heridas. Admiro la inteligencia en cualquiera de sus expresiones y disfruto con la belleza y con cualquier atisbo de creatividad. La palabra es una herramienta de comunicación que me deleita cuando, usada con arte, es capaz de conmover mis sentimientos. No soy del Madrid, ni del Barça, ni del Betis; sólo milito contra la INTOLERANCIA, en cualquiera de sus formas, y contra la MANIPULACIÓN de la realidad hacia intereses egoístas. En mi podréis encontrar al amigo, jamás al enemigo, no me gusta perder el tiempo en futilidades. Y si no me encontráis, buscad en el espejo insondable...............
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