Chung-Tzu y Hvi-Tzu cruzaban el río Hao por la presa y Chung-Tzu dijo:
- Mira con que libertad saltan y nadan los peces. Esta es su felicidad.
- Si tú no eres pez ¿cómo sabes lo que hace felices a los peces? -replicó Hvi-Tzu.
- Si tú no eres yo ¿cómo puedes saber que yo no sé el motivo de la felicidad de los peces? -dijo Chung-Tzu.
- Si yo, no siendo tú, no puedo saber lo que tú sabes, se sigue que tú, no siendo pez, no puedes saber lo que ellos saben -argumentó Hvi-Tzu.
¡Espera un momento! -dijo Chung-tzu- Volvamos a la pregunta inicial. Lo que tú me has preguntado es ¿cómo sabes lo que hace felices a los peces? Por la forma de la pregunta, tú evidentemente sabes que yo sé lo que hace felices a los peces. Yo conozco el gozo de los peces en el rio por el gozo que yo siento al caminar junto al mismo río donde ellos nadan.
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"Una vez alguien me dijo que había encontrado la fórmula de la felicidad. Yo no le creí, por eso me senté a escucharle".
Vanessa Montfort arranca su primera novela, El ingrediente secreto, ganadora del premio Ateneo joven de Sevilla 2006, con esta frase inocente, profunda y fresca.
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A veces, conviene leer a los clásicos...
Sin mentir, no decir todas las verdades. No hay cosa que necesita más cuidado que la verdad, pues es sangrarse el corazón. Tan necesario es saberla decir como saberla callar. No se pueden decir todas las verdades: unas porque me afectan a mi y otras a los demás.

Si lo hubiera hecho, todo hubiera transcurrido sin alterar el orden de las cosas. Y alguien no hubiera reaccionado tan crudamente. Y ahora no estaría lamentando mi sinceridad.
Conviene releer a los clásicos...
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¡Hay que ver con que cosas nos sale Marianico I el Sibilante! Si Fraga levantara la cabeza...(el pobre anda ya medio dormido en su provecta ancianidad)
Hoy voy de citas, y mira que no me gusta copiar, sobre todo porque nunca aprendí a teclear mirando un texto. Prefiero parirlo.
Veamos lo que nos dice la Historia.
...
El sueño de recuperar el prestigio mundial tomó forma, para los Gobiernos de España, en un nuevo concepto: la conmemoración del Descubrimiento de América. En 1892, el régimen conservador de Cánovas del Castillo se enteró de que los Estados Unidos estaban tomando medidas para celebrar el cuarto centenario del doce de octubre, fecha generalmente aceptada del Descubrimiento. Los españoles se apresuraron a organizar sus propias celebraciones, las cuales se ajustaban a los esfuerzos que habían estado haciendo para incrementar su influencia entre las naciones de Latinoamérica, que eran ahora independientes. Cánovas presentó la idea de que todas las naciones de origen hispánico debían adoptar esa fecha como día festivo común. Esta iniciativa no tuvo acogida. Sin embargo, cuando el resto del imperio español desapareció en 1898, muchas de las naciones de origen hispánico cambiaron de opinión: comenzaron a darse cuenta de la amenaza que el imperialismo de Estados Unidos representaba para sus intereses y se abrieron más a las ideas que provenían de España.
Como ha mencionado Sebastian Balfour, "la pérdida de los vestigios del imperio tras el desastroso enfrentamiento con los Estados Unidos en 1898 destruyó el mito que daba legitimación al imperio.../... Un nuevo mito debía ocupar su lugar. Lógicamente, el mito se retrotrajo a la gloria de 1492. Escritores latinoamericanos como Rodó y Rubén Darío expresaron su indignación ante el expansionismo de los Estados Unidos y abrazaron la causa y la cultura del país al que una vez se habían opuesto: La España imperial. En 1910, en un banquete en Montevideo, Rodó habló a favor del "sacro sentimiento de la raza que unía a los españoles y a los hispano-americanos". Sin embargo, por aquel entonces, el 12 de octubre ya se había convertido en un día festivo estadounidense ampliamente difundido, celebrado por los italianos para recordar al descubridor genovés Cristobal Colón. El papel de España había caído en el olvido. En respuesta a ello, un grupo de españoles en Cádiz, durante las celebraciones por el centenario de las Cortes de Cádiz, propuso que el 12 de octubre fuera declarado un día festivo de alcance nacional. En esas mismas semanas, la República Dominicana adoptó la versión estadounidense de la festividad y comenzó a celebrar el "Día de Colón". Sin embargo, a partir de 1913, México y otras naciones adoptaron este día festivo de una forma diferente, y lo llamaron Día de la Raza.
Cada nación latinoamericana tenía razones específicas para celebrar el Día de la raza, pero para Españano podía haber ninguna duda sobre lo que ese día conmemoraba: la gloria de la raza hispánica. Aproximadamente a partir de 1919, el día comenzó a celebrarse con ese nombre en España. Y, antes de que pasara una década, sectores conservadores comenzaron a maniobrar para cambiar el nombre por Día de la Hispanidad, para conmemorar específicamente la contribución que España hizo a la civilización occidental. El principal promotor de ese cambio fue el escritor Ramiro de Maeztu. En 1934 se publicó su obra clave, Defensa de la Hispanidad. El libro declara la "Hispanidad" como la esperanza del mundo...
...Tanto el mito de la hispanidad como el Día de la Raza cambiaron su nombre cuando, en la década de 1970, España pasó de su fase autoritaria a su fase democrática. Se desechó el término raza porque recordaba ideologías políticas específicas. La visión del imperio recibió un nuevo lavado de cara, y el énfasis en las hazañas del siglo XVI se enfocó más hacia la cultura y el idioma que hacia el chovinismo nacional. En 1991 se fundó el Instituto Cervantes, en forma de diversos centros para la divulgación de la cultura española. El símbolo utilizado por el Instituto, uno que había sido central para la ideología imperialista durante el siglo XX, fue la figura de Don Quijote, cuya valiente lucha contra los molinos de viento representaba, en cierto grado, el intento de España por luchar contra los fantasmas de su pasado y resurgir en una época posimperial más tranquila.
"DEL IMPERIO A LA DECADENCIA"
Henry Kamen
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"No basta la sustancia, también se necesita la circunstancia. Los malos modos todo lo corrompen, hasta la justicia y la razón. Los buenos todo lo remedian: doran el no, endulzan la verdad y hermosean la misma vejez. En las cosas tiene gran parte el cómo. Las maneras simpáticas son el tahúr de los gustos. Lo más estimado en la vida es un comportamiento cortés. Hablar y portarse de buen modo resuelve cualquier situación difícil"

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La perfección no consiste en la cantidad, sino en la calidad. Todo lo muy bueno siempre fue poco y raro: usar mucho lo bueno es abusar. Incluso entre los hombres: los de cuerpo gigante suelen ser de cerebro enano. Algunos estiman los libros por su corpulencia, como si se escribieran para ejercitar los brazos más que el ingenio. Lo extenso solo nunca pudo ir más allá de la mediocridad, y es una plaga de los hombres universales que, por querer estar en todo, no están en nada. Lo intenso proporciona eminencia, y fama si el asunto es muy importante.

El autor
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Cavila, cavila...
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.../...
Nuestras repugnantes, eminentes cohortes --cohermanos, cohermanas, cotíos y cotías que huelen a jabalí y tienen la nariz encostrada de ostras secas-- se han transformado al morir en esqueletos. ¿Habéis oído el gemido espantoso de los muertos en una masacre? Es la terrible desilusión de los recién nacidos a la muerte, que habían esperado y merecido eterno sueño, y se descubren engañados, atrapados en una máquina imparable de sufrimiento y dolor.
El esqueleto se levantaba cada mañana, limpio como una hoja de afeitar. Adornaba sus huesos con yerbas, se cepillaba los dientes con tuétano de antepasados, y se pintaba las uñas con rojo de Fatma. Por la noche, a la hora del cóctel, iba al café de la esquina, donde leía el "Diario del Nigromante", periódico predilecto de los cadáveres distinguidos. A menudo se divertía gastando bromas pesadas. Una vez fingió tener sed y pidió recado de escribir; se vació el tintero entre las mandíbulas y el costillar: la tinta le salpicó y manchó sus blancos huesos. En otra ocasión entró en una tienda de objetos de broma y se compró un surtido de bromas parisinas: imitaciones de excrementos. Por la noche puso una en su orinal; y jamás se recobró su sirvienta de la impresión que recibió por la mañana: de pensar que un esqueleto que no comía ni bebía había defecado como el resto de nosotros.
Sucedió que un día el esqueleto trajo algunas avellanas que andaban por el monte con sus patitas, las cuales vomitaban ranas por la boca, los ojos, las orejas, la nariz y demás aberturas y agujeros. El esqueleto se asustó, como el esqueleto que topa con un esqueleto en pleno día. Le había crecido rápidamente un detector de calabazas en la cabeza, con un lado diurno como unpan depachulí y un lado nocturno como el huevo de Colón; y se fue, medio tranquilizado, a ver a una pitonisa.
FIN
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El esqueleto era feliz como un loco al que le quitan la camisa de fuerza. Se sentía liberado, al poder caminar sin carne. Ya no le picaban los mosquitos. No tenía que ir a cortarse el pelo. Se hallaba muy lejos del lagarto del amor. Durante un tiempo, lo había estado observando un profesor de química alemán, pensando que podía convertirlo en un delicioso ersatz: dinamita, mermelada de fresa, sawerkraut aderezado. El esqueleto supo burlarle dejando caer un hueso de zepelin joven, sobre el que saltó el profesor, entonando químicas alabanzas y cubriéndolo de besos.
La morada del esqueleto tenía cabecera antigua y pies modernos. Su techo era el cielo y su suelo la tierra. estaba pintada de blanco y decorada con bolas de nieve en las que latía un corazón. Parecía un monumento transparente soñando con un pecho eléctrico, y miraba sin ojos, con agradable e invisible sonrisa, dentro de la inagotable provisisón de silencio que envuelve nuestra estrella.
No le gustaban al esqueleto los desastres, pero para indicar que la vida tiene sus momentos arriesgados, había colocado un enorme dedal en medio de su precioso apartamento, sobre el cual se sentaba de vez en cuando como un verdadero filósofo. A veces bailaba unos pasos al son de la "Danza macabra" de Saint-Saëns. Pero lo hacía con tal gracia, con tal inocencia, a la manera de las danzas nocturnas de los antiguos cementerios románticos, que nadie el verle lo habría juzgado desagradable.
Satisfecho, contempló la Vía Láctea, esa legión de huesos que rodea al planeta nuestro. Centellea, brilla, resplandece con toda su miríada de esqueletos diminutos que danzan, saltan, dan volteretas y cumplen con su deber. Acogen a los caídos en mil campos del honor: del honor de las hienas, de las víboras, de los cocodrilos, de los murciélagos, de los piojos, de los sapos, de las arañas, de las solitarias, de los escorpiones. Dan los primeros consejos, ayuden en sus primeros pasos a los recién fallecidos que se sienten desventurados en su abandono como los que acaban de nacer.
.../...
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