La Coctelera

EL ESPEJO INSONDABLE

Este espejo intenta hacer visible lo invisible a los ojos del entendimiento. Acércate con OTRA MIRADA y tal vez lo puedas lograr.

30 Enero 2011

EL MALABARISTA DE LAS ACACIAS

Hay un semáforo del paseo de las Acacias que tiene suerte. Muchos conductores que accidental o habitualmente pasamos por allí, tenemos su suerte. Es un semáforo adornado por la presencia de uno de esos inmigrantes que, no habiendo conseguido un puesto de trabajo estable o víctimas de la crisis, tienen que exprimir su imaginación para sacar algunos euros con los que subsistir, o simplemente expresan sus habilidades compartiéndolas con el público a expensas de su generosidad.

Sentado en su monociclo mientras mantiene un inquieto equilibrio vertical -imposible para un humano no entrenado-, saluda con su sonrisa llena de dientes al tiempo que hace malabares con sus tres mazas de colores. A esas alturas de la sorprendente visión, cuando has identificado al personaje olvidandote del tráfico y de la circulación, te sumas al jolgorio de la alegría que transmite esa figura de fresa y chocolate que con acento brasileño o portugués, agradece sonriendo la atención de los conductores retenidos por el semáforo.

Su atuendo refuerza sin duda el color negro de su piel con los tonos de la fantasía alegre. Un maillot de color rosa-fresa, con mangas en azul turquesa, cubre unas piernas enfundadas en unos leggings fucsia, hasta media pierna, que coronan sendas zapatillas de bailarina, también color fucsia pero brillantina. Todo a juego con la figura del malabarista sentado sobre un sillín de lana roja, raída por el trajín de las posaderas intentando manterese sobre el monociclo. Todo un espectáculo de color y de gracia. Toda una manera alegre de ganarse el euro.

¿Cómo resistirse entre encanto y alegría a soltarle sendos euros?

Tags: alegria

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27 Enero 2011

MOVILIZADO PRO ERUDICIÓN

Querido navegante ignoto, al recibo de la presente espero goces de perfecta salud física y mental, al menos la suficiente para mantener el espíritu atento al descubrimiento de nuevas formas de aliento espiritual (que no moral).

Tengo que decirte que tal es mi actual disposición, y por ello, el anhelo expresado es absolutamente sincero por mi parte y barrunto que necesario por la tuya, puesto que, si has llegado hasta aquí, infiero que sea porque vas navegando en busca de algo.

He de confesarte que he tomado unilateralmente, es decir, sin influencia de parte alguna, la decisión de movilizarme de nuevo, volver al frente bloguero y retomar mi vieja plataforma para remitir mis cavilaciones que encauzaré, "as usual", en cualquiera de las diversas categorías creadas en este ESPEJO INSONDABLE.

Pretendo explorar intuitivamente nuevas vías de erudición que iré compartiendo contigo, según vayan apareciendo y despejándose las ideas, el conocimiento, la concepción o la expresión de nuevas o viejas formas de saber o de placer artístico.

Mi compromiso, por ende, es ponerme a la caza y captura de esos bocaditos de golosina intelectual que a veces se esparcen aleatoriamente como esporas sembradas por el viento y que si cayeran en mi entorno, no dudes que compartiría en este medio. No te olvides de compartir tus propias capturas.

Por lo demás, estoy estupendamente mientras me recupero de una leve cirugía menor, y gozando de buena salud en mi aparente soledad forzada.

Sin otro particular, se despide hasta la próxima misiva

Cavilante

Tags: estafeta

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20 Junio 2010

Food for though

Chung-Tzu y Hvi-Tzu cruzaban el río Hao por la presa y Chung-Tzu dijo:

- Mira con que libertad saltan y nadan los peces. Esta es su felicidad.

- Si tú no eres pez ¿cómo sabes lo que hace felices a los peces? -replicó Hvi-Tzu.

- Si tú no eres yo ¿cómo puedes saber que yo no sé el motivo de la felicidad de los peces? -dijo Chung-Tzu.

- Si yo, no siendo tú, no puedo saber lo que tú sabes, se sigue que tú, no siendo pez, no puedes saber lo que ellos saben -argumentó Hvi-Tzu.

¡Espera un momento! -dijo Chung-tzu- Volvamos a la pregunta inicial. Lo que tú me has preguntado es ¿cómo sabes lo que hace felices a los peces? Por la forma de la pregunta, tú evidentemente sabes que yo sé lo que hace felices a los peces. Yo conozco el gozo de los peces en el rio por el gozo que yo siento al caminar junto al mismo río donde ellos nadan.

Tags: felicidad

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16 Mayo 2010

El tormento de un joven divino

Sigo pensando que Egon Schiele es un genio de la pintura. Cuanto más lo conozco más lo valoro. Me impresiona su expresión, me inquieta, me hace cavilar, me seduce su facilidad para empastar figuras y colores, me asombra su capacidad de romper con la "Academia" y aquel canon figurativo del siglo XIX. Me satisface su conexión con las vanguardias que alumbraron el siglo XX, haciendo del arte portavoz de su expresión. Me fascinan sus dibujos, sus acuarelas, sus pinturas, toda su producción artística realizada entre 1908 (comenzó a exponer a los 18 años) y 1918, año en el que murió, a los 28 años.

Tanto en sus autorretratos como en esas mujeres que pinta con mirada de amante, proyecta las típicas obsesiones y tormentos de un joven veinteañero. Con el toque divino de un artista de nacimiento. Su pintura, con cien años, me resulta contemporánea.

¿No?

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15 Mayo 2010

No me gustan las ballenas en la sauna leyendo el periódico.

Una sauna finlandesa es una cámara privada y hasta cierto punto íntima, donde uno, en su cerebro, puede encontrarse consigo mismo mientras su cuerpo se libera de toxinas. Tomar una sauna es una especie de rito. Te sumerges en un cuarto ligeramente iluminado, a más de 80º de temperatura, y dejas que tu cuerpo, al adaptarse a ese calor que dobla tu temperatura corporal, se defienda de la agresión, forzando un mecanismo de refrigeración por sudor por donde se evacuan elementos residuales de la centrifugación linfática. Es un acto intimo, placentero y placentario por aquello de una ligera evocación al encapsulado fetal en el seno materno. Es un momento de relax y de posible reencuentro con ese Yo perdido en el marasmo cotidiano de las presiones laborales, familiares, emocionales, sociales o fiscales.

Tomar una sauna es un ejercicio liberador, despresurizador y relajante. Y si hay posibilidad de verter unas gotas de aceite de hierbas aromáticas en un poco de agua para esparcir sobre las piedras candentes de la estufa, el cuerpo se deleita con sumo placer.

Yo no tengo sauna propia, porque no puedo y pienso que si pudiera tampoco se si querría. Al no tener sauna propia me las he arreglado con las saunas públicas de los modernos centros deportivos privados, porque además de todo lo anteriormente expuesto, el calor excesivo al del cuerpo humano funciona al modo de masaje que ablanda y distiende los músculos recien sometidos a entrenamiento.

Las saunas públicas, si bien no suelen ser muy grandes porque perderían la capacidad de concentración de calor elevado, pueden albergar de cuatro a seis personas. Afortunadamente solo suelen ser usadas por una minoría de socios, probablemente por ser desconocidas y ajenas a nuestra cultura. A pesar de que haya gente, excepto cuando coinciden amigos o conocidos, se suele respetar el silencio y la "redención sudorífica" que los usuarios hacen a título individual. No obstante, en ocasiones se producen divertidas tertulias improvisadas que el agobiante calor suele romper provocando la huida precipitada de alguno de los participantes que ha llegado al límite de su resistencia y sale con urgencia en busca del refrigerio en la ducha.

Mi peor experiencia es cuando al entrar en la sauna la encuentro ocupada por algún señor gordo o gordísimo, y viejo o bastante viejo, con sus gafas de presbicia puestas leyendo un periódico a la tenue luz del farolillo interior. Ese señor con las vísceras abultadísimas, los michelines rellenísimos, las tetas grandísimas y colgantísimas, el estómago completamente descolgado, que seguramente no ha hecho nada de deporte, ni a lo largo de su vida, ni en la hora anterior en la que probablemente ha estado subido un durante un ratito a una bicicleta estática viendo la televisión. Ese señor ¿pensará que el sudor de la sauna va a adelgazar su orondo cuerpo?

El problema, desde luego no es el señor, que por mi puede estar todo lo gordo que quiera o pueda o sudar cerveza de barril a litros, el problema es que las gotas de sudor sobre el papel de periódico y el calor, lo va reblandeciendo convirtiéndolo en pasta de celulosa que desprende un insoportable olor a detritus orgánico parecido a una pota de borracho la madrugada de un sábado.

Es un olor indescriptiblemente nuseabundo y desagradable, no el del señor gordo, sino el del papel de periódico mojado y caliente, insisto. Por eso NO ME GUSTAN LAS BALLENAS EN LA SAUNA LEYENDO EL PERIÓDICO.

 

Tags: sauna, gordo, salud

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6 Enero 2010

Los chicos no lloran.

Miguel era un adolescente guapo, con esa belleza andrógina de los modelos masculinos sajones de ropas unisex. Su rubia cabellera de pelo largo (a costa de disgustos con su padre), aunque aportaba brillo al ajustado traje de luces en su cuerpo delgado, todavía sin hacer, desentonaba con el pelo tan corto que llevaban el resto de los toreros. Aquella tarde, en una plaza de toros de provincias donde se corría una novillada sin picadores, el adolescente Miguel Dominguín se enfrentaba a dos morlacos, uno mucho más "miura" que el otro. Su padre, Luis Miguel Dominguín, se mordía el labio o gritaba con aspavientos dándole instrucciones desde la barrera para que Miguel se plantara con la muleta frente el bravete novillo de tres años que le había tocado en suerte. Pero no había manera. Cada vez que se ponía frente al toro y éste se arrancaba, Miguel Dominguín se retrancaba con ese paso temeroso que deja al novillo el hueco para la derrota, y a testarazos, el novillo le desarmaba la muleta una y otra vez.

Le vi volver al burladero, burlado, y en el gesto esa rabia contenida por el bochornoso espectáculo que su padre, el maestro, empeñado en que continuase la saga familiar de matadores de toros, le estaba obligando a dar. Y apoyado con los dos antebrazos en la barrera y la barbilla sobre ellos mirando hacia tablas, de espaldas a la arena del ruedo, al toro, a la cuadrilla, y a todo lo que representaba esa corriente artística taurina, le vi llorar amargamente.

Miguel Dominguín, a sus quince años, rabiando y llorando en la soledad de su inmerecida tragedia de torero frustrado por forzado, derrotado por la incomprensión de su padre, más que por la deshonrosa faena torera que acababa a trancas y barrancas, estaba tomando la decisión de ser Miguel Bosé.

Años más tarde, en pleno éxito musical, lo recordó con sarcasmo en el estribillo de su canción "Los Chicos no LLoran":

Es mi vida no quiero cambiar 
los chicos no lloran solo pueden soñar 
es mi vida no quiero cambiar 
los chicos no lloran tienen que pelear 
es mi vida ah! es mi vida ah!.

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27 Septiembre 2009

Encuentro a cuatro

Hoy se ha producido el encuentro. Primero ha llegado el mío, mi presente, y se ha quedado un rato merodeando por el punto donde nos habíamos citado a la entrada del centro comercial. Cuando por fin ha aparecido el suyo, me ha producido una gran alegría y un ligero sentimiento de paz, tal vez porque intuía que su presente traía en la mochila un agradable trozo de su pasado o que, aunque no estuviera, acabaría por hacer acto de presencia, sin inquietarnos.

Hemos tomado una cañas con la cotidianidad con la que los vecinos de la mesa de al lado, jóvenes jubilados, se zarandean verbalmente al despedirse cuando el tacaño que acude cada día a la hora del aperitivo, se lo toma y se va sin meter la mano en el bolsillo para sufragar el gasto.

Y como era predecible, apareció el pasado. Un pasado elocuente y sincero que con total normalidad ha invadido el archivo del recuerdo recuperando momentos memorables. Nuestro presente, montado en las ruedas de la añoranza, ha recorrido sin necesidad de evocar excesivos detalles las huellas de aquel encuentro indeleble.

Nuestro presente, el suyo y el mio, ha constatado de facto que la amistad se forja con el diálogo, con el entendimiento, y con el contacto que, aunque con silencios, se mantiene sin exigencias, envuelto en el afecto de una lealtad que no necesita confirmar que se está ahí.

Después, me ha dado la impresión de que le hemos dicho hola al futuro.

Tags: amistad

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2 Agosto 2009

La aventura del donante.

Cuando me clavó la aguja en el antebrazo derecho con la precisión de una vampiresa profesional, acreditada por la escuela de enfermeras del hospital Gragorio Marañón, sentí una fugaz quemazón que dejó de molestar cuando terminó con el protocolo de sujecciones de  cánulas con esparadrapo y puesta a punto de depósitos y demás artilugios para la extracción. Luego, su sonrisa precedió al interés más profesional de saber cómo me encontraba en esos iniciales momentos en los que tu propia sangre fluye al ritmo cardiovascular ayudado, al parecer, por el mecánico gesto de abrir y cerrar la mano que la gentil enfermera te sugiere como parte del procedimiento.

Ensimismado en tus pensamientos o tal vez distraido por el trajín sanitario que se desarrolla en el autobús preparado para extracciones volantes, participas ad honorem de la impagable satisfacción de sentirte anónimamente útil en una aventura personal Ahí comienza la aventura del donante.

Se dice que es un donante quien traspasa de manera gratuíta -graciosamente decían antes- a otra, algo o el derecho que sobre ello tiene. También es donante por definición académica, quien cede voluntariamente su sangre, algún órgano, etc., con destino a personas que lo necesitan. En cualquier caso y desde la mera intuición de su significado lexico coincidente con los anteriores, donar, desde joven, ha tenido para mi el significado connotativo de generosidad.

Siempre he pensado que donar es hermoso y satisfactorio en sí mismo, por eso nunca he comprendido al usurero, al acaparador, al que acumula compulsivamente para taner más y más. Y no hablo concretamente de dinero.

Cuando uno es joven, suele ser más generoso que tacaño, más desprendido, menos aferrado, pero también más desprovisto, menos dotado de bienes o de gracias, por eso, cuando me planteaba que podría dar de manera gratuíta, algo que fuera mío y sólo mío, que no fuera difícil de reponer y que no causara lesiones o trastornos irreparables, tanto anímicos como materiales, siempre se me ocurrían dos cosas: mi sangre y mi semen.

Como es conocido, la estructura de canalización de la primera opción, la donación de sangre, ha estado desde hace mucho tiempo bastante organizada, con la más absoluta garantía sanitaria y sin ninguna duda sobre su naturaleza altruista. Sin embargo, en cuanto a la donación de semen, podríamos construir una variopinta casuistica, por no entrar en el terreno fácil de la chanza sexual y otras picardías o carambolas genético-sociales, como el posible acceso a parte de la fortuna del malogrado Micheal Jackson por parte de la madre biológica de sus hijos y ¿porqué no? del donante o comerciante del semen que colaboró a engendrarlos.

En fin, cuando uno empieza a ser maduro, te percatas de que posees otras cosas, en el plano de los afectos que también te pertenecen, casi tanto como tus fluídos vitales. Y digo casi tanto, porque dichos fluyos son suyos y sólo suyos y por ello, transferibles o no; mientras que los sentimientos, suelen ser interactivos, es decir, cosa de dos. Además, el trasvase de afectos o sentimientos, sensu stricto no parece cosa de donación.

Todo esto para mostrar mi satisfacción porque la semana pasada volví a reincidir en mi actividad de donante (de sangre).

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EL ESPEJO INSONDABLE

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Soy un caminante que cavila mientras observo las maniobras de otros caminantes a través de mi espejo. Si la vida me sonríe, la miro con buen humor. Si la vida se ríe de mi, la veo con sarcasmo. A veces no la miro, me desapego, o me pongo romántico para lamer sus heridas. Admiro la inteligencia en cualquiera de sus expresiones y disfruto con la belleza y con cualquier atisbo de creatividad. La palabra es una herramienta de comunicación que me deleita cuando, usada con arte, es capaz de conmover mis sentimientos. No soy del Madrid, ni del Barça, ni del Betis; sólo milito contra la INTOLERANCIA, en cualquiera de sus formas, y contra la MANIPULACIÓN de la realidad hacia intereses egoístas. En mi podréis encontrar al amigo, jamás al enemigo, no me gusta perder el tiempo en futilidades. Y si no me encontráis, buscad en el espejo insondable...............
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